Real Colegio de Doncellas Nobles

Fundación del Cardenal Silíceo (1370) – Residencia femenina

 

 

El Colegio de Doncellas Nobles fue fundado por el cardenal Juan Martínez Silíceo en 1551. Esta institución se reguló por las constituciones de 1557 que establecían un modo de vida muy cercano a la clausura y el retiro espiritual. Así lo testimonia su edificio, de carácter introvertido y volcado hacia los patios interiores, con vanos escasos y dispuestos en la zona alta de los muros y con la predominante presencia de la iglesia, que define la fachada principal y la imagen urbana de la fundación a través de su nave, crucero y portada con su relieve alusivo al cardenal fundador del colegio. Su configuración asumió así los rasgos propios de la arquitectura conventual, aunque el edificio original levantado con el legado del cardenal Silíceo se deterioró con el tiempo y hubo de ser completamente renovado a partir de 1763, reconstrucción a la que, con la llegada a la mitra toledana del cardenal Lorenzana en 1772, se confirió un impulso decisivo que el nuevo arzobispo puso en manos del maestro Ventura Rodríguez.

 

Aproximación histórica:

Juan Martínez del Guijo latinizó su segundo apellido y fue conocido como cardenal Silíceo. Fue elegido p0r la emperatriz Isabel como preceptor del príncipe, el futuro Felipe II. Ocupó el obispado de Cartagena y con motivo de la muerte del cardenal Tavera en 1545, sucedió a este como arzobispo de Toledo. Diez años más tarde recibió el capelo cardenalicio del papa Pablo IV. El cardenal Silíceo continuó la labor de mecenazgo ejercida por sus predecesores en Toledo y creo el beaterio de Nuestra Señora de la Piedad en la antigua sinagoga de Santa María La Blanca, fundó el colegio de Nuestra Señora de los Infantes para muchachos clerizones destinados a asistir al coro de la catedral y, por último, instituyó el colegio de Doncellas Nobles. Esta institución, fundada en 1551, estaba destinada a mujeres de acreditada ascendencia de familias de cristianos viejos que no dispusieran de medios económicos suficientes para su formación virtuosa. El cardenal Silíceo falleció en Toledo el 31 de mayo de 1557. En su testamento estableció que su cuerpo se llevara a Santa María la Blanca hasta que se terminara la capilla del colegio de Doncellas Nobles. El actual sepulcro del fundador es una obra de 1890 realizada por el escultor Ricardo Bellver. También dejó establecidas con detalle las medidas necesarias para la terminación y dotación del colegio, cuyas obras se contrataron al maestro Hernán González. El patronazgo del colegio se confió al arzobispo de Toledo y al rey de España, entonces Felipe II, que aceptó asumir esta protección. Así se rigió la institución hasta que El 20 de julio de 1988 se suscribió un acuerdo entre el Arzobispado de Toledo y Patrimonio Nacional que modificaba los Estatutos del Real Compatronato y acordaba la conversión de la centenaria institución en una residencia femenina.

 

Arquitectura y arte:

La primera ubicación del colegio de Doncellas Nobles se realizó en el llamado salón de Mesa situado frente a la parroquia de San Román. Pero en 1554, el cardenal Silíceo compró a don Diego Hurtado de Mendoza, conde de Mélito, las casas en las que el colegio fijaría su sede definitiva. Estas casas eran un conjunto heterogéneo de espacios articulados en torno a patios que sirvieron para la implantación de la institución que se trasladó a este lugar entre 1554 y 1558. Para el acomodo de las colegialas tuvieron que practicarse toda una serie de reformas y adaptaciones durante los años siguientes que fueron encargadas a Hernán González, maestro mayor de la catedral. Con el paso del tiempo, el edificio primigenio se fue deteriorando y llegó al siglo XVIII en un estado alarmante. Mediada esta centuria, las colegiales tuvieron que se realojadas en unas casas cercanas propiedad del colegio y a partir de 1763 se acometieron las obras de reforma y reconstrucción del edificio.

 

El conjunto del colegio presenta una composición caracterizada por recios y sobrios volúmenes cúbicos y líneas horizontales que son resultado de la reconstrucción realizada en la segunda mitad del siglo XVIII. En enero de 1763, el arzobispo de Toledo ordenó al administrador del colegio el desmonte y reedificación de la iglesia y en 1771 se procedió al allanamiento de la zona de poniente del edificio. La iglesia se reconstruyó en estos años con las trazas de José Hernández Sierra, maestro mayor de la catedral. La transformación del recinto colegial se hizo a través de los proyectos de Ventura Rodríguez, el arquitecto que había sido nombrado maestro mayor de la catedral primada por el cardenal Francisco Antonio Lorenzana. Ventura Rodríguez presentó sus planos en agosto de 1775 y poco después el cardenal Lorenzana ordenó el comienzo de las obras que ejecutó el aparejador Eugenio López Durango. La aportación más vistosa fue el patio principal o claustro colegial, totalmente construido en piedra y dotado de dos pisos, el inferior con arcos de medio punto y las crujías superiores cerradas con arcos rebajados. Los soportes son recios pilares con pilastras adosadas, corintias en el piso bajo y compuestas en el alto.

 

Iglesia:

La iglesia del colegio de Doncellas Nobles se reconstruyó a partir de 1763 a partir del proyecto aportado por José Hernández Sierra, maestro mayor de la catedral.  El severo aspecto que la iglesia y el colegio presentan hacia el exterior, con volúmenes netos y contundentes, se desmiente en el interior del templo que está traspasado de la gracilidad rococó en la vistosa decoración de sus bóvedas. Aún así, el tipo de edificio religioso sigue las pautas de los templos conventuales tal como estos quedaron establecidos en la centuria anterior y que Hernández Sierra conocía bien, pues fue el encargado de terminar la iglesia de la Compañía de Jesús. La iglesia del colegio es de una sola nave dividida en cinco tramos, con crucero y coro alto a los pies. Las naves se cubren con bóvedas de medio cañón con lunetos, mientras que en el crucero se alza una cúpula elevada sobre pechinas.

 

Escalera, sala rectoral y edificio anexo:

Estas fotografías muestran otros destacados espacios de la arquitectura del colegio. En primer lugar, la escalera de Ventura Rodríguez, de tipo claustral y situada fuera del eje, de manera que se debió de reaprovechar una ubicación previa. La sala rectoral, ámbito reservado a las ceremonias, con un artesonado metálico del siglo XIX. Y, en tercer lugar, el bloque anexo al edificio original que fue ordenado construir entre 1900 y 1903 por el rector don Luis Fernández de Lara  según los planos de Santiago Castellanos como un edificio compacto, con jardín trasero, patio interior y muros de ladrillo con formas neomudéjares. También se levantó entonces un cobertizo o pasadizo elevado para comunicar el edificio original con su ampliación, realizado en hierro fundido.