Convento de Santo Domingo el Antiguo

Orden del Císter (1085-)

 

El convento de Santo Domingo el Antiguo, también conocido como Santo Domingo de Silos o Santo Domingo el Viejo, encabeza por antigüedad la nómina de los conventos de Toledo. Sus orígenes se remontan a un primer cenobio de época visigoda que debió de ser fundado sobre la casa de Santa Leocadia. El monasterio actual fue fundado por el rey Alfonso VI poco después de la toma de Toledo en 1085, tratándose de la primera comunidad que se instaló dentro de la ciudad. Santo Domingo el Antiguo está situado en la colación de San Román y ocupa una manzana de edificios que, como vemos en la imagen superior, solo es compartida por  la parroquia de Santa Leocadia a cuya fachada lateral se adosaron la iglesia y el claustro conventuales. El convento se articula en torno a dos claustros y su silueta, rodeada de tapias, pasa desapercibida en la trama urbana. Tan solo emerge en uno de los extremos del convento el sobrio y purista volumen de su iglesia, que data de 1576, y que contrasta con las líneas mudéjares y la pequeña escala del ábside de Santa Leocadia.


Aproximación histórica:

La primera fundación religiosa de esta manzana se remonta a la época visigoda, pues ya entonces debió de existir un primer cenobio habitado por Adeodata. El prestigio de esta tradición hizo que el barrio de Santa Leocadia fuera el lugar escogido por Alfonso VI para fundar un nuevo monasterio poco después que el rey leonés entrara en Toledo en mayo de 1085, tratándose así del más antiguo de la ciudad. También fue el primero en instalarse intramuros. El convento fue dedicado al abad Santo Domingo de Silos que había fallecido en 1073. El convento se sometió a la regla benedictina, pero en 1159 la comunidad decidió unirse a la orden cisterciense. El convento se amplió considerablemente en tiempos del infante Juan Manuel que donó a la comunidad unas casas procedentes de la herencia de su padre. El convento de Santo Domingo el Antiguo gozó de otro gran momento de esplendor en el siglo XVI. Una de las grandes personalidades benefactoras del convento fue entonces doña María de Silva, viuda de Pedro González de Mendoza, el contador del rey Carlos I. Esta noble dama portuguesa había acompañado a Isabel de Portugal cuando esta vino a España para contraer matrimonio con Carlos V. María de Silva, cuando enviudó, se retiró a este convento y apoyó a la comunidad de monjas con la condición de ser enterrada en el templo (abajo). La dama portuguesa impulsó la construcción de la nueva iglesia, como expresó en su testamento firmado en 1575 y del que fue albacea Diego de Castilla, deán y canónigo toledano. El coro viejo del convento (derecha) ha sido lugar de enterramiento habitual de las abadesas y de otros notables, como doña Guiomar de Melo, doña Inés Barrroso, el deán Diego de Castilla o el capitán Diego Palomeque y Meneses, su mujer e hijos, conservándose doce laudas sepulcrales en este espacio.


Arquitectura y arte:

El convento se organiza en torno a dos patios. El patio de mayores dimensiones está totalmente transformado respecto a sus disposiciones originarias y a él se abren las celdas y al refectorio, estancia esta que ocupa el área del antiguo palacio de don Juan Manuel. El claustro de los Laureles es el patio más cercano a la iglesia, con la que se relaciona compositivamente. Data de finales del siglo XV y está realizado en ladrillo con unos pilares octogonales sobre los que se voltean arcos de medio punto trasdosados. Los arcos del piso superior son conopiales. En torno al claustro de los Laureles se distribuyen la sala capitular y el coro. La sala capitular presenta yeserías mudéjares en su puerta de entrada junto con azulejos de aristas, mientras que su cubrición se resuelve por una techumbre de madera con casetones renacentistas, si bien dotados de estrellas octogonales mudéjares. El coro antiguo forma parte del museo actual y a él se accede desde el claustro. Su aspecto actual data de mediados del siglo XVI, cuando se realizaron los azulejos de arista del suelo y muretes, además de la techumbre. Los retablos del coro son de excelente factura, como el plateresco de la Virgen de la Paz y el también renacentista del Agnus Dei, en el lado del Evangelio, y el retablo mayor de la Asunción y el Calvario. También es renacentista, aunque más tardía, la sillería de coro de 50 asientos, realizada en 1561. Detrás del altar del coro está el comulgatorio de la comunidad. La pintura más interesante del coro es Cristo y la Samaritana de Sánchez Cotán (1603 ca.).En el retrocoro o antecoro de las monjas, actualmente museo, existe un alfarje mudéjar del siglo XV y allí se encuentra el sepulcro en alabastro de don Juan Alfonso de Ajofrín., muerto en la batalla de Aljubarrota (1385).


El espacio diáfano y el rigor geométrico de trazado de la iglesia del convento de Santo Domingo el Antiguo nos transporta al purismo herreriano de las décadas finales del siglo XVI. El convento disponía de una iglesia mudéjar de nave única y ábside semicircular de finales del siglo XII que fue demolida el 26 de febrero de 1576. La iglesia actual fue comenzada por Nicolás de Vergara el Mozo, pero a partir del mecenazgo ejercido por el deán Diego de Castilla fue continuada por Juan de Herrera. Este modificó el proyecto de Vergara en dos aspectos fundamentales: por un lado, suprimió el pórtico de entrada y, por otroa parte, sustituyó el presbiterio semicircular con posible bóveda de horno por otro plano y cubierto con bóveda de cañón. El ingreso al templo se realiza por un lateral situado en el primer tramo de la nave. Una vez dentro, nos encontramos con un edificio de depurado rigor clasicista que consta de una sola nave con cruz latina, y cabecera rectangular. Todo ello está traspasado por una luz blanca y clara que potencia el trazado matemático y racional. La nave y el crucero se articulan con pilastras jónicas y sus espacios son cubiertos por una bóveda de cañón con lunetos y fajones en la nave y cúpula sobre pechinas en el crucero. El testero de los pies corresponde a la cabecera del coro interior y destaca su pequeño altar, de Juan de Herrera, que sirve de marco a la reja del comulgatorio. El retablo mayor responde a las trazas aportadas El Greco y modificadas por Monegro y que conserva del primero los dos Santos Juanes (1577 y 1579). También es original de El Greco el retablo de La Resurrección, colateral derecho. La capilla de los Gómara está situada frente a la puerta de entrada a la iglesia desde la calle.