Convento de las Jerónimas de San Pablo

Orden de San Jerónimo . (1373) – (1510)


El convento de Jerónimas de San Pablo es un conjunto arquitectónico configurado en su mayor parte durante los años finales del siglo XV y comienzos del XVI. Está situado en la zona sur de la ciudad, en las cuestas que descienden hacia el Tajo, frente a la ermita de la Virgen del Valle. Junto con el vecino convento de las Benitas configura una manzana de trazado irregular. La alargada fachada lateral de la iglesia y el coro conventuales forman una estrecha calle delimitada por su recio muro de mampostería en la que se abre la sencilla portada lateral de acceso al templo, mientras que la puerta conventual se ubica en la fachada situada en ángulo recto con respecto a esta y que se encuentra en una cota más baja debido al desnivel del terreno. El claustro es el centro de la vida conventual y otros tres patinillos llevan la luz al interior del convento.


Aproximación histórica:

El origen del convento de San Pablo se encuentra en el beaterio fundado por doña María García de Toledo en 1373 situado en las casas de la parroquia de San Lorenzo que fueron adquiridas por su benefactora en el mismo lugar donde hoy se alza conjunto. También fueron relevantes en esa centuria las figuras de doña Teresa de Guevara y su hija la condesa Aldonza Carrillo. Pero de esta época bajomedieval quedan escasos vestigios. El beaterio fue admitido como monasterio de la Orden Jerónima en 1510. El convento comenzó a gozar de fama por la relación mantenida con el cardenal don Fernando Niño de Guevara, arzobispo de Sevilla e inquisidor general. En el muro del Evangelio se conserva su magnífico sepulcro realizado por Juan Bautista Monegro en el que el cardenal recibió sepultura en 1609. Los Niño de Guevara habían adquirido la capilla mayor como espacio sepulcral familiar tras su compra en 1583.


Arquitectura y arte:

El convento de las Jerónimas de San Pablo es una construcción configurada en sus rasgos esenciales durante el siglo XVI. El carácter retardatario del gótico se expresa en la iglesia conventual, con sus bóvedas de nervaduras. El resto de la clausura es de formas sencillas y escuetas, con encalado de sus muros y presencia abundante de azulejos. El claustro es la pieza de unión entre la iglesia y el coro y el resto de las dependencias conventuales. El conjunto conventual busca la luz interior a través de este claustro y de otros tres pequeños patios. La sala capitular es otra interesante estancia levantada asimismo en el siglo XVI y dotada de un alfarje con jácenas que reposan en canes. La escalera de gracia comunica los dos pisos del claustro.


Iglesia: La iglesia del convento de San Pablo configura al exterior un nítido y escueto volumen paralelepípedo rectangular tan solo pautado por los contrafuertes que refuerzan sus muros, los pequeños ventanales altos y una discreta portada cobijada bajo un tejaroz. Por encima de los tejados del convento, despunta su espadaña, tan característica de la arquitectura conventual toledana del siglo XVI con su veleta rematada en cruz y flor de lis. El interior del templo nos ofrece un espacio esbelto, sencillo y elegante. Es una iglesia de una sola nave con presbiterio de testero plano en la cabecera y un espacio intermedio que actúa a la vez como crucero y nave y que está dotado de dos pequeñas capillas laterales. Después de este espacio central un tramo de transición dirigido hacia los pies del templo deja paso al coro de la comunidad que se despliega en dos tramos más. La iglesia y el coro están cubiertos con bóvedas de crucería de nervios rectos que datan de finales del siglo XV, pero el gran arco toral que dota de acceso al presbiterio se distingue por su decoración de cardinas góticas y rosetas y la bóveda de la capilla mayor se diferencia del resto, pues es de crucería con nervios combados que culminan en una roseta terminada en cuatro puntas y ocho pétalos. Todo ello recuerda al arte de Juan Guas, aunque de modo más escueto y sencillo. En la construcción de esta capilla fue decisiva la figura del racionero Juan de Andrés, sepultado en este templo, primero en el presbiterio y después en la capilla de San Juan. El muro de separación entre la iglesia y el coro es macizo, pero se aligera en su parte alta por un pequeño rosetón decorado con una roseta de seis pétalos. En el coro destaca el retablo de Correa de Vivar y la sillería asimismo del siglo XVI, doble y con tres frentes.


Claustro: El claustro, como es habitual, supone la pieza fundamental de la vida conventual. Se sitúa ligeramente desviado con respecto al ángulo de la iglesia, pero se comunica directamente con el templo  a través de una puerta que permite el acceso al crucero de la iglesia o tramo intermedio. El claustro también presenta otro ingreso al coro conventual, practicado en este caso a través de un pequeño pasillo y unas escaleras dotadas de un vistoso recubrimiento de azulejos de arista y cuerda seca. El claustro conventual es de dos pisos y  planta rectangular, con una forma ligeramente alargada que da lugar a cinco  arcos en sus crujías más largas y cuatro en las cortas. Los arcos inferiores son de medio punto y los superiores carpaneles. Todos ellos se voltean sobre elegantes columnas de granito de orden toscano. Unas ligeras barandillas de madera recorren las crujías altas. En el centro se dispone el brocal del pozo de piedra granítica y cobijado bajo un templete. En el claustro se sitúan tres trípticos coétaneos a su construcción. Desde las galerías del claustro se puede ver la espadaña y las campanas que emergen del bloque de la iglesia y coro conventuales.