Orden de San Francisco (1514) – Centro de Estudios y Conservatorio de Música
El convento de San Juan de la Penitencia fue la última fundación del influyente cardenal Cisneros y se convirtió en uno de los más prósperos establecimientos religiosos de Toledo. Además de convento de monjas de la Orden Tercera de San Francisco, también era colegio de doncellas. El conjunto forma una parcela de perímetro irregular organizada en torno al claustro y el antiguo templo que limita en su parte norte con la iglesia de San Justo. Todo ello fue devastado por un incendio acaecido en 1936 y a partir de 1982 se instaló en el antiguo convento el Conservatorio de Música y el Centro de Estudios Internacionales de la Fundación Ortega y Gasset.
Aproximación histórica:
El convento de San Juan de la Penitencia fue fundado por el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros en 1514. Surgió a partir del modelo de una institución previa también impulsada por Cisneros en Alcalá de Henares y que, como en de Toledo, también agrupaba el convento con un colegio para la educación de niñas huérfanas a las que se les otorgaba una dote que les permitiera tomar los hábitos o casarse dignamente. La primera propiedad que el cardenal Cisneros adquirió en Toledo para tal fin fueron unas casas pertenecientes al linaje de los Pantoja. Así comenzó en 1511 a fraguarse el convento, institución que se entregaría a las monjas franciscanas de la Tercera Orden. A estas primeras casas se sumaron las compradas a Francisco de Mora, Figuera, Juan Guas y al comendador Ramírez. En 1515 las monjas ya estaban instaladas en el convento, aunque hay constancia de que las obras todavía no estaban finalizadas. Los graves disturbios de la Guerra Civil provocaron un incendio en 1936 que destruyó por completo la iglesia y causó serios daños en el resto del convento hasta dejarlo inhabitable.
Arquitectura y arte:
Las cinco primeras propiedades que adquirió el Cardenal Cisneros desde 1511 configuraron el núcleo central del convento de San Juan de la Penitencia. Años más tarde se produjo la alineación de la manzana por su lado norte para facilitar el acceso a la iglesia del convento. Esta se adosa a un lateral del claustro y en sentido transversal con respecto a las dependencias conventuales. El área del colegio estaba situada en la parte occidental del conjunto, opuesta a la zona de clausura. El claustro es un patio de planta trapezoidal que daba paso a la sala capitular en la parte occidental, al refectorio en la oriental, al coro y a la iglesia al norte, mientras que al sur estaba la sala de profundis. En los tres rincones del claustro se encontraban los espacios que permitían la comunicación con el resto del convento, circulación que se llevaba a cabo a través de estrechos pasillos por el noroeste, mientras que a través de una escalera se accedía a las plantas superiores y desde allí al colegio; por los ángulos opuestos del sur y el este se llegaba a la zona de clausura y las celdas conventuales. También se conserva un patio interior vinculado con la arquitectura popular del momento dotado de vigas y zapatas de madera y unos pies derechos que descansan sobre basas de granito. En el interior del convento se encuentran aún algunas puertas y ventanas con orlas de arabescos.
El arquitecto encargado de trazar el conjunto fue Pedro Gumiel, al que se atribuyen la iglesia y el claustro. También trabajaron en el proyecto Enrique Egas y Diego de Córdoba, entre otros. Las rectificaciones del tejido urbano en la parte norte de la manzana conventual permitieron la apertura de un eje visual que tiene su punto de fuga en la portada de la iglesia del convento de San Juan de la Penitencia. Esta portada, uno de los pocos elementos de la iglesia conventual que se salvó de las destrucciones de 1936, es de estilo gótico tardío, aunque muy sencilla en su trazado. El vano de ingreso se limita y subraya a través de unos baquetones y un arco carpanel que son decorados con follaje entrelazado y labrado en piedra que enmarca todo el vano. En la clave del arco se abre un arco conopial lanceolado que cobija el escudo del cardenal Cisneros. Remata la portada una hornacina con concha venera que en su día custodiaba la imagen de San Juan Bautista. Toda la portada está protegida por un tejaroz. Además de este ingreso de la iglesia, también se conservan la puerta del compás, situada en el lado opuesto del convento, en la calle de San Lucas, y que servía de acceso a las dependencias conventuales, así como la puerta de entrada al recinto en la calle de San Juan de la Penitencia. Otro de los escasos elementos que se conserva del convento, en este caso en su interior, es la antigua sala de la abadesa, convertida en el actual despacho del director del conservatorio, estancia situada en un torreón junto al área del colegio y que conserva su cubierta mudéjar ochavada.
Iglesia:
Algunos documentos gráficos, como este grabado de 1842 de Hauser Lemercier, nos muestran a la iglesia de San Juan de la Penitencia como un templo de cruz latina, con una armadura de madera de par y nudillo con lacería geométrica de ocho puntas y faldones con labor de menado y chelas. La capilla mayor se cubría con una cúpula ochavada sostenida por cuatro pechinas de mocárabes. Una verja separaba la capilla mayor del resto del templo, forja plateresca realizada por Juan Francés, con decoración de guirnaldas y cenefas, hoy en el Museo de Santa Cruz. Todo ello debió de terminarse en 1527 por encargo de don Francisco Ruiz, obispo de Ávila y compañero del cardenal Cisneros en el Consejo Supremo, que aquí ubicó su sepulcro. La iglesia poseía un retablo plateresco dividido en dieciséis compartimientos y en el crucero existían dos retablos también de comienzos del siglo XVI. Mudéjar, gótico y plateresco se fundían en el llamado «estilo Cisneros».
Coro:
Esta fotografía de Casiano Alguacil realizada en torno a 1885 refleja el estado del coro del convento antes de su destrucción. Este era de menor altura que la iglesia y se comunicaba con el templo a través de dos huecos con barrotes de rejería maciza. Estos espacios fueron los más afectados por la destrucción ocasionada durante los tres días en los que ardió el convento, entre el 26 y 28 de julio de 1936. Las monjas abandonaron el convento y se refugiaron en San Antonio de Padua y San Juan de la Penitencia se utilizó entonces como refugio para los Esta fotografía de Casiano Alguacil realizada en torno a 1885 refleja el estado del coro del convento antes de su destrucción. Este era de menor altura que la iglesia y se comunicaba con el templo a través de dos huecos con barrotes de rejería maciza. Estos espacios fueron los más afectados por la destrucción ocasionada durante los tres días en los que ardió el convento, entre el 26 y 28 de julio de 1936. Las monjas abandonaron el convento y se refugiaron en San Antonio de Padua y San Juan de la Penitencia se utilizó entonces como refugio para los desamparados, y a pesar de un proyecto del arquitecto Emilio Moya para la restitución de la vida conventual, el edificio resultó abandonado. En 1982 se realizó el proyecto de reutilización del conjunto monumental para la instalación de la fundación Ortega y Gasset y el conservatorio de música. En la antigua iglesia conventual se ubicó el auditorio, cuyo escenario ocupa la antigua capilla mayor, mientras que el espacio del antiguo coro sirve hoy en día de recibidor o antesala del auditorio de música..