Orden de Franciscanos Descalzos o Gilitos (1610) – Cortes de Castilla-La Mancha
Una escueta y sobria geometría regula el trazado del convento de San Gil. El volumen de su iglesia, con sus formas cúbicas alzadas con muros de mampostería y ladrillo, dota con su fachada lateral de límite a la calle del Calvario. Sobre las cubiertas de la iglesia despunta la torre cúbica del cimborrio. Las otras fachadas del convento se abren hacia el cauce del Tajo y horadan sus muros con numerosos vanos en los cuatro pisos de altura que alcanzan las antiguas estancias conventuales. San Gil es un característico ejemplo de la austeridad y el rigor compositivo que alcanzó la arquitectura conventual toledana a comienzos del siglo XVII. Después de varias vicisitudes y usos diversos, el antiguo convento es actualmente la sede de las Cortes de Castilla-La Mancha.
Aproximación histórica:
Los franciscanos descalzos o gilitos, una de las ramificaciones de la orden franciscana, llegaron a Toledo a mediados del siglo XVI y se establecieron en 1557 cerca de la ermita de la Virgen de la Rosa. Una importante donación recibida ya entrado el siglo XVII, debida a los hermanos Francisco y Juan de Herrera, permitió a los frailes buscar un emplazamiento más despejado. Estos se emplazaron primero en el antiguo hospital de San Juan de los Caballeros situado junto al Alcázar; pero poco después adquirieron la casa del colegio de los Niños de la Doctrina en el barrio de San Cipriano, lugar donde comenzaron en 1610 la construcción del que sería el convento de San Gil, tras la licencia otorgada por el cardenal arzobispo don Bernardo de Sandoval y Rojas. En este conjunto se desarrolló ininterrumpidamente la vida conventual desde entonces hasta que en 1835 los decretos de desamortización obligaron a su cierre, orden que se aplicó en enero del año siguiente. Se decidió entonces la utilización del convento para habilitar en sus dependencias un presidio: el carácter compacto y hermético del edificio, sus contundentes muros parecieron y las pequeñas ventanas fueron rasgos que parecieron apropiados para servir de confinamiento a los reclusos. Las obras se proyectaron entre 1851 y 1852 y los primeros penados llegaron al presidio hacia 1860. Este uso, que alteró considerablemente la arquitectura del convento, se prolongó hasta 1939. Entre 1952 y 1968, el edificio albergó el cuartel de la Guardia Civil y posteriormente sirvió como parque de bomberos e incluso como sede una escuela de esgrima. Desde 1986 el edificio se habilitó como sede de las Cortes de Castilla la Mancha, a partir de las obras de rehabilitación proyectadas por el arquitecto Fernando Chueca Goitia.
Arquitectura y arte:
La planta del convento de San Gil nos muestra su nítida división en de dos zonas, la iglesia, situada en el flanco oriental, y el ámbito conventual, dispuesto a su lado y que se distribuye apretadamente en torno a un escueto patio. El convento forma así un rectángulo casi perfecto, al que, según Fernando Chueca Gotia, se adosó en época posterior otro cuerpo en dirección este-oeste que contribuyó a aislar el convento respecto a su entorno urbano al prolongarse en la cerca que, con su perímetro irregular, marca los límites de la parcela conventual. Destaca esta estrecha relación claustro-iglesia en la que volumen del templo emerge y define con su fachada oriental el linde urbano del convento a la vez configura la calle del Calvario. El claustro se adosa a la otra fachada del templo, la occidental, y se conserva en su estado original. Este claustro es de ladrillo y de considerable altura, pues con el desnivel existente en el terreno alcanza cuatro plantas. Las estancias de la planta inferior voltean unas sólidas bóvedas de ladrillo de gran interés constructivo. El claustro regula y este patio distribuye con rígida geometría el resto de las estancias conventuales. La topografía del terreno desciende abruptamente desde la calle hacia el valle, de modo que la iglesia se sitúa en la cota más alta y el claustro dota así de acceso interno al templo en el segundo nivel. Todos sus muros son de ladrillo y mampostería, materiales que son aparejados en hiladas horizontales. Destaca la cornisa de ladrillo que rodea el perímetro de la iglesia y que uniforma su perfil superior. La cúpula, sin tambor, está encerrada exteriormente en un cuerpo cúbico o cimborrio con tejado a cuatro vertientes. Con estas características, podemos comprobar cómo la arquitectura de San Gil es un ejemplo característico de la arquitectura conventual toledana de los inicios del siglo XVII, sencilla, sobria y con predominio de los volúmenes nítidos y netos, rasgos que definen la silueta exterior del conjunto.
Las obras del convento comenzaron el 30 de mayo de 1610 a cargo del maestro de albañilería Martínez de Encabo, aunque se especula que el tracista fuera Juan Bautista Monegro que conocía bien a Encabo por los trabajos que ambos desarrollaban en San Pedro Mártir. Otro dato que apoya esta hipótesis es la estrecha afinidad estilística que la iglesia del convento mantiene respecto a la de San Antonio de Padua. En 1613 el cantero Andrés García labró por 850 reales la portada con piedra de Las Ventas. En 1618 finalizaron las obras de la iglesia y poco más tarde se terminaron el resto de las estancias conventuales, lo que requirió la adquisición de quince casas colindantes.
Iglesia:
La antigua iglesia del convento de San Gil se convirtió en el solemne salón de sesiones de las Cortes de Castilla-La Mancha a partir de 1986, después de la rehabilitación integral del convento. Es un espacio gran sencillez, de una sola nave y con crucero dotado de una cúpula semiesférica sobre pechinas que no se trasdosa al exterior, de modo que resulta embutida en un cimborrio cuadrangular. La nave está decorada por pilastras pareadas que se prolongan, después de una marcada cornisa, por la bóveda de medio cañón. La luz natural procede del vano abierto en los pies del templo y de los ventanales de uno de sus laterales, pues el otro costado es ciego.
Portada:
La portada del convento de San Gil era de esmerada composición, pero de ella solo quedan hoy algunos elementos reaprovechados en cuyo friso se ha inscrito la dedicación actual del conjunto como sede de las Cortes de Castilla-La Mancha. También se conserva la lápida con la inscripción conmemorativa de los hermanos Herrera que donaron 16.000 ducados para la construcción del convento.