Orden de San Francisco (1525)
El convento de San Antonio de Padua se emplaza en la judería, vecino de la iglesia de Santo Tomé. Es un convento perteneciente a la Orden de San Francisco surgido en el siglo XVI que ocupó el palacio del regidor don Hernando Dávalos, poderoso personaje caído en desgracia por su participación en el levantamiento comunero. En torno a esta construcción civil se definió este conjunto que se amplió por yuxtaposición hasta configurar un perímetro sumamente quebrado e irregular. Vemos cómo en entre las dependencias conventuales emerge la iglesia de San Antonio, fiel ejemplo de clasicismo, con un trazado racional, abstracto y sencillo que señaló en gran medida el desarrollo posterior de la arquitectura conventual en Toledo. La iglesia, el coro y el claustro o patio de los Naranjos definen una secuencia que introduce un eje director en torno al cual se organiza la vida conventual.
Aproximación histórica:
El convento de San Antonio de Padua tiene su origen en un beaterio fundado en 1514 que fue adscrito desde sus inicios a la Orden Tercera de San Francisco. Esta comunidad fue autorizada por el cardenal Cisneros y en un principio se emplazó en unas casas situadas frente a la portada de la iglesia conventual de la Madre de Dios. En 1525 las beatas compraron el palacio o casona del regidor don Hernando Dávalos, que, por su participación en la revuelta comunera, había sido confiscado por orden del emperador Carlos V. En el año 1529 las beatas adoptaron la advocación de San Antonio de Padua y se convirtieron en monjas franciscanas de clausura después del Capítulo General de la Orden que tuvo lugar en 1583 en San Juan de los Reyes. Fue en este momento cuando doña Catalina de la Fuente, del mismo nombre que la fundadora del beaterio, asumió el patronazgo del convento. Su encumbrada posición como viuda de don Hernán Franco, que fue regidor de Toledo, le permitió dar un impulso decisivo al convento. Bajo su mecenazgo se levantó la nueva iglesia, junto con el coro, y la capilla mayor se convirtió entonces en el espacio funerario para ella y para su marido. La ampliación del convento y su posterior mantenimiento se debió, por tanto, a tres fundaciones piadosas debidas a la ya mencionada doña Catalina de la Fuente, al canónigo don Juan Hurtado y a doña María Pérez de Úbeda. El convento fue suprimido por escasez de monjas en 1836, pasado las existentes a Santa Isabel de los Reyes, de la misma orden, pero el edificio permaneció como propiedad de las franciscanas, de manera que las religiosas volvieron a ocupar el convento en 1874.
Arquitectura y arte:
El convento de San Antonio de Padua es un ejemplo característico de formación y desarrollo a partir de una arquitectura preexistente, como fue el palacio de los Dávalos. Este edificio estaba integrado por varias construcciones datadas en el siglo XV y que se organizaban en torno a un patio, el llamado patio de los Naranjos, que fue adoptado por la comunidad como claustro conventual. Las dependencias del convento se agregaron en torno a este patio con una yuxtaposición de estancias que no siguió un criterio ordenador riguroso en su ampliación y distribución. De las casas de los Dávalos se conserva además el alfarje de la actual sala capitular y la actual portada conventual, que, como hemos apuntado, es una magnífica muestra del gótico civil toledano. Este palacio fue, por tanto, el núcleo del convento que se amplió durante las décadas siguientes con otras adiciones de inmuebles vecinos adquiridas a partir del patronazgo ejercido por los protectores del convento: en 1550 se adquirieron nuevas propiedades y, más tarde, en 1589, se añadieron al convento cinco pares de casas fronteras a la iglesia de Santo Tomé. El convento se organiza también en torno a otro patio llamado del Cementerio, posiblemente realizado en torno a 1570, y que presenta tres pisos adintelados y apeados sobre columnas jónicas en el inferior y pies derechos de madera en los restantes, soportes sobre los que apean zapatas; se trata, por tanto, una buena muestra de la perduración de la arquitectura popular toledana del siglo XVI.
Patio:
El patio de los Naranjos, cuadrangular, adintelado y con galerías cubiertas con alfarjes, presenta los característicos pilares toledanos de sección octogonal que están decorados en su parte alta con escudos pertenecientes a don Ruy López Dávalos y doña Teresa Vélez de Guevara y Ayala, padres del comunero caído en desgracia, de manera que, en virtud de la heráldica, este patio puede datarse en torno a 1470.
Portada:
La portada del convento ha mantenido la que perteneció al antiguo palacio de los Dávila, una magnífica muestra de la arquitectura civil toledana del siglo XIV. Está enmarcada por sólidas columnas, remata en un dintel superior y se protege por un tejaroz, solidez que contrasta con la delicada ventana superior geminada de fina tracería flamígera, con delgados maineles y característicos adornos de bolas en el marco del alfiz.
Iglesia:
Los volúmenes cúbicos, netos y nítidos de la iglesia del convento de San Antonio de Padua se perciben con claridad desde el exterior conforme nos acercamos al convento. Las trazas del templo fueron aportadas en 1594 por Juan Bautista Monegro y las obras fueron acometidas por Andrés García de Udías, aunque tras la muerte de este artífice en 1607, los trabajos fueron terminados por Juan Martínez Encabo. La construcción de la iglesia conventual y su coro estuvo patrocinada por doña Catalina de la Fuente, tía de la fundadora. Las obras estaban muy adelantadas en 1603 y con el pago de las puertas en 1623 se puede dar por terminada la edificación en ese año. La iglesia de San Antonio de Padua es fiel ejemplo del clasicismo de la época en su versión más escueta y purista. Su trazado racional, abstracto y sencillo, con el predominio de la geometría estricta y el énfasis en los volúmenes límpidos y la claridad estructual son pautas que marcaron en gran medida el posterior desarrollo de la arquitectura conventual en Toledo. El templo se resuelve en un volumen sobrio y purista, con una sola nave dividida en cuatro tramos y tres capillas hornacinas en cada lado, amplio crucero con cúpula y cabecera plana y poco profunda. Las bóvedas son de cañón con lunetos y el crucero se cubre con cúpula sobre pechinas, sin tambor y ciega. En los extremos del crucero se dispusieron los enterramientos de doña Catalina de la Fuente y su marido don Fernán Francos. El retablo del altar mayor es una obra barroca del siglo XVIII sin policromar y con imágenes modernas. En la iglesia también se exhiben tres retablos renacentistas. El coro está situado a los pies del templo, a su mismo nivel, es de planta rectangular y muy amplio, y también se cubre con bóveda de cañón y lunetos; conserva su solería original de ladrillo y azulejos pintados. En el coro se encuentra la sillería de Andrés García de Udías (1594).
Sepulcros:
En los laterales del crucero de la iglesia se encuentran los sepulcros de doña Catalina de la Fuente y don Hernán Franco, la poderosa familia toledana que patrocinó las obras de la iglesia del convento. Ambos fueron sepultados en unas urnas rematadas por pirámides y cobijadas por unos arcosolios de medio punto sobriamente enmarcados por pilastras toscanas y frontones triangulares partidos con el escudo familiar.