Convento de la Madre de Dios

Orden de Predicadores (1407) – Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas


La rehabilitación del antiguo convento de la Madre de Dios como sede universitaria motivó la realización de un detallado estudio arqueológico de esta parcela con el descubrimiento de importantes hallazgos, algunos de los cuales pueden ser contemplados y otros, como la magnífica portada mudéjar previa a la realización del convento, fueron reintegrados tras su restauración. Este estudio arqueológico es una interesante muestra de las vicisitudes experimentadas por estas áreas urbanas que resultaron modificadas con la fundación de las instituciones conventuales que absorbieron las antiguas construcciones en un proceso de expansión y crecimiento  que, en el caso del convento de la Madre de Dios, que tuvo su punto de partida en 1482 y alcanzó su máximo auge en el siglo XVI.


Aproximación histórica:

En 1482, doña María Gómez de Silva, hija del conde de Cifuentes, fundó el convento dominico que, por voluntad suya, fue denominado de la Madre de Dios. El cardenal Mendoza otorgó licencia al convento en abril de 1483. Era la primera comunidad de la Orden de Predicadores de Terciarias dominicas que se asentaba en Toledo. Esta primera comunidad estaba integrada por la fundadora, muy activa en la reforma de las órdenes religiosas femeninas y que gozó del apoyo de los Reyes Católicos, su hermana, doña Leonor de Silva y la tía de ambas, doña Francisca de Castañeda, viuda de don Luis de la Cerda, que fueron acompañadas por otras damas toledanas. En 1486 las dominicas se convirtieron en comunidad de clausura por bula papal. El auge de la vida conventual de la Madre de Dios se produjo en los siglos XVI y XVII y su declive comenzó en la segunda mitad del XVIII. En 1836 se produce la desamortización del convento con el traslado de las monjas al vecino convento de Jesús y María, si bien las religiosas consiguieron que Isabel II les reintegrara el convento en 1848, que de modo que las dominicas se volvieron a instalar en el edificio en 1853, tras importantes obras de reedificación y acondicionamiento. Pero en 1868, en medio de los procesos revolucionarios, se suprimió de nuevo el convento y las monjas se trasladaron definitivamente a Santo Domingo el Real. El edificio se convirtió entonces en sede de un cuartel de la Guardia Civil y se degradó progresivamente. El cierre definitivo del convento se produjo en 1994.


Arquitectura y arte:

El convento de la Madre de Dios se situó en el edificio que fue adquirido por doña María de Silva a don Pedro de Baeza, seguramente el palacio que en origen fue de los Oter Lobo, elección motivada en gran parte por la proximidad al convento de San Pedro Mártir, pues su linaje estaba vinculado a esa fundación dominicana desde los tiempos de su bisabuela, doña Guiomar de Meneses, que había legado parte de sus propiedades a esta orden religiosa. Tres años más tarde adquirieron otra casa colindante, propiedad de doña Juana Pimentel. El edificio fue acrecentándose entre finales del siglo XV y comienzos del XVI, con un proceso de expansión que llevó a ocupar toda la manzana e incluso con la incorporación de otros edificios de la colindante que fueron adquiridos al obtener en 1504 la cesión de la ermita de Todos los Santos y una casa contigua, de modo que para conectar estos edificios se practicó un pasadizo subterráneo que contó con la autorización del Ayuntamiento en 1511. La iglesia y el coro conventuales se levantaron en el siglo XVI en la panda oriental del claustro. Las dificultades y el abandono que durante años sufrió el edificio hicieron que la iglesia terminase por perder su cubierta, con un proceso de deterioro progresivo que no se atajó por falta de fondos, de modo que, ante su amenaza de ruina, el Ayuntamiento  procedió a la demolición del templo en 1904. Fue entonces cuando se habilitó el coro para cumplir la función de iglesia de la comunidad. En la actualidad, este espacio ha recibido funciones de aula magna.


El mal estado que presentaba el antiguo convento de la Madre de Dios, con algunas partes arruinadas, permitió acometer una cuidadosa prospección a cargo del arqueólogo Juan Manuel Rojas que documentó con detalle los estratos de esta zona urbana. Los restos más antiguos corresponden a época romana como testimonió el descubrimiento de tramos de una canalización de los siglos I y II d.C. y restos de cisternas. La fase islámica comprendida entre los siglos IX y XII reveló su presencia a través de los vestigios de dos viviendas, aunque la mayor información arqueológica correspondió a la época bajomedieval con la documentación de varias casas que demostraban el uso residencial continuado de esta área urbana antes de la fundación conventual. Entre estas viviendas destacó la llamada casa cinco, la situada en la parte sureste de la manzana y que posteriormente fue ocupada por el claustro, zona en la que se produjo el extraordinario hallazgo de una portada mudéjar, parangonable con los mejores ejemplos coetáneos. La recuperación de la magnífica portada mudéjar supuso un hito en el proceso de restauración del conjunto monumental. Se trata del ingreso principal del antiguo palacio de los Oter Lobos que data de la primera mitad del siglo XIV. El portón de ingreso es adintelado y está decorado con un alicatado que imita dovelas radiales de colores blancos, verdes y negros que son encuadradas por una cenefa que ostenta diversos escudos nobiliarios. El cuerpo intermedio de la portada presenta seis arquerías ciegas de ladrillo con arcos lobulados que se entrecruzan y rematan en su parte superior en nudo y que también muestran escudos de azulejería. En la parte superior se abre una triple arquería, también de arcos polilobulados, con nudos en sus claves, subrayándose el perfil de los arcos mediante pequeñas piezas cerámicas.


Claustro:

El claustro del convento se levantó en el siglo XVI, a la vez que comenzó la remodelación del sector occidental con la construcción del almacén y la habilitación de una zona de cementerio. El claustro era en su origen de una sola altura y se convirtió tras varias reformas en un espacio de forma trapezoidal. Destaca la decoración epigráfica que recorre la parte superior del muro del claustro bajo y las vigas de madera que apoyan sobre ménsulas de rollos. En el claustro alto, al que hoy se abren diversas aulas y despachos, aparecen unos pies derechos de madera en los paños intermedios de cada panda, entre los grandes ventanales acristalados incorporados en la última reforma. Hay que destacar asimismo la presencia de pilares ochavados en los ángulos de la galería alta del claustro que fueron recuperados durante la restauración del edificio. En el interior del convento, en la zona antaño ocupada por el huerto de las monjas, existe hoy un patio arbolado  al que se abre una nueva construcción para la ampliación de la biblioteca de San Pedro Mártir y sus espacios administrativos, de modo que la arquitectura contemporánea se integra  de modo armonioso.