Compañía de Jesús

Orden de la Compañía de Jesús (1629) – Delegación de Hacienda.


La imponente cúpula de la iglesia de San Ildefonso realza aún más su presencia por el hecho de estar levantada en el punto más alto de la ciudad, de modo que, acompañada de las elevadas torres del templo, el conjunto levantado por la Compañía de Jesús se convierte en una de las más contundentes presencias monumentales de la arquitectura conventual en Toledo. Los jesuitas erigieron un bloque constituido por iglesia y casa profesa, denominación esta empleada por la orden de San Ignacio para diferenciarse de los conventos o monasterios. Hoy en día el conjunto está escindido en dos partes bien diferenciadas, el templo, convertido en iglesia parroquial, y la antigua residencia jesuítica que, tras pasar por varios usos, actualmente acoge a la delegación de Hacienda.


Aproximación histórica:

La Compañía de Jesús se emplazó en un lugar privilegiado y para ello tuvieron que vencer considerables dificultades al edificar en medio del colmatado y denso entramado urbano. La primera referencia documental de la Compañía de Jesús en Toledo data de 1558 cuando la Orden de San Ignacio llegó a la ciudad para gestionar un colegio dedicado a San Eugenio y se instaló en el colegio de Infantes fundado por el cardenal Silíceo, prelado que, precisamente, se había negado a que se establecieran en la ciudad. Pero los jesuitas hubieron de desalojar este edificio tan solo dos meses después y se mudaron a unas casas situadas en la parroquia de Santo Tomé. Allí fundaron el colegio de San Bernardino que años después también abandonarían para cederlo a los colegiales. Un nuevo traslado les condujo a una casa propia situada junto a la parroquia de San Román que fue adquirida en 1569 a don Juan Hurtado de Mendoza Rojas y Guzmán, conde de Orgaz, venerable lugar donde la tradición establecía que se había ubicado la casa natal de San Ildefonso.


En 1583, y merced al patrocinio del obispo don Gaspar de Quiroga, los jesuitas fundaron el Colegio de San Eugenio que establecieron en unas casas alquiladas en la parroquia del Salvador. Pero aún tuvieron que pasar varios años para poder acometer el proyecto de edificación del vasto complejo de la iglesia y casa profesa. Se emplearon para ello ingentes recursos procedentes de las disposiciones testamentarias dictadas en 1605 por los hermanos don Pedro y doña Estefanía Manrique de Castilla y que les permitieron adquirir los solares necesarios. Con estos medios se alzó el complejo de la iglesia y casa profesa de la Compañía de Jesús a partir de 1629 en un prolongado y lento proceso constructivo. Los jesuitas permanecieron en este lugar hasta que el 1 de abril de 1767 fueron expulsados de los territorios de la Corona y sus bienes incautados. El regreso de los jesuitas a Toledo se produjo en 1903, con la recuperación de la iglesia de San Ildefonso. Sin embargo, la Casa de la Orden se ubicó en la confluencia entre la calle Alfonso XII y el callejón de Jesús y María que cerró sus puertas en 2011 por falta de vocaciones.


Arquitectura y arte:

Los jesuitas llamaron a sus establecimientos residenciales casas profesas. Según las Constituciones de San Ignacio de Loyola, estas casas, a diferencia de los colegios, no debían disponer de ninguna renta estable, habían de regirse por los principios de pobreza y dependían de las donaciones aportadas por sus benefactores. La traza inicial de la casa profesa de los jesuitas de Toledo se fecha en 1619 y se atribuye por algunos autores al hermano Pedro Sánchez. Pero lo cierto es que la parte más importante de la edificación se realizó un siglo más tarde, entre 1720 y 1731. Tras la supresión de la casa profesa de Toledo, en 1732 se instaló en su lugar el colegio de San Eugenio y San Ildefonso, que permaneció activo hasta la expulsión de los jesuitas en 1767. A partir de entonces, una parte de estos espacios se usaron como universidad, hasta que el Cardenal Lorenzana cedió el edificio al Santo Oficio. La Inquisición permaneció en él hasta 1834 cuando, tras su supresión, todos sus bienes pasaron al Estado. El edificio fue ocupado por diversos organismos públicos, como la Delegación de Hacienda y Telégrafos, el Gobierno Civil, la Diputación Provincial e incluso un cuartel de la Guardia Civil. En 1921 se produjo un grave incendio y durante la guerra civil sus sólidos sótanos fueron utilizados como refugio antiaéreo. Terminada la guerra, la Delegación de Hacienda, tras la intensa rehabilitación realizada entre 1942 y 1946, ocupó por entero el edificio.


Casa profesa:

La antigua casa profesa constaba de un sótano abovedado y dos pisos, planta baja y principal; al exterior destaca por la sobriedad de sus fachadas. La portada principal se sitúa al fondo de la fachada, unida a la iglesia de San Ildefonso. El interior ha sido muy transformado por las sucesivas reformas y remodelaciones, especialmente por aquellas que se efectuaron durante el siglo XX. El sótano es uno de los espacios que todavía conserva la estructura de la obra jesuítica. Desde él se accede a unas galerías con bóvedas de medio cañón con ladrillo macizos que conducen a un conjunto hidráulico de época romana. Las dos plantas principales están habilitadas como oficinas. Posee dos patios, en la planta baja, transformados a raíz de la reforma realizada entre 1943 y 1945, junto con otros dos a los que se accede a través de la portada de la plaza de las Tendillas.


Iglesia:        

En el complejo jesuítico de Toledo destaca la imponente y espaciosa iglesia de San Ildefonso. Es uno de los templos más monumentales de la orden que sigue de cerca los modelos de las iglesias jesuíticas de Alcalá de Henares, Palencia o incluso del Gesù de Roma. La iglesia presenta una orientación noroeste-suroeste. El interior, presidido por su nave principal con forma de planta de cruz latina, es de grandes dimensiones, de color blanco y destaca la cúpula sobre el crucero, dotada de un tambor elevado. A ambos lados de la nave principal, entre los contrafuertes del templo, se encuentran comunicadas entre sí cuatro capillas menores profusamente decoradas. En una esquina del templo se alza la capilla ochavada, de muros rojizos y coronada por su propia pequeña cúpula. En la nave hay un retablo que incluye una pintura al fresco de Alejandro y Luis González Velázquez y bajo el retablo y tras el altar está situado un tabernáculo de madera dorada que presenta una talla de la Crucifixión. En el exterior, sobre la puerta principal, se encuentra un bajorrelieve que representa la descensión de la Virgen sobre san Ildefonso, patrono de la iglesia; por encima de este elemento de él está situada la vidriera, y alrededor hay cinco estatuas, realizadas por Mattia Carmannini y Félix Bambi, cuyas hornacinas se encuentran flanqueadas por cuatro majestuosas columnas corintias.


Se especula que pudo existir una traza inicial debida a Juan Bautista Monegro, si bien la documentación remite al padre jesuita Pedro Sánchez que fue llamado en 1619 para la construcción del templo, aunque la erección de los muros se debió de posponer todavía una década más, dedicándose ese tiempo a la ejecución de las obras de cimentación. Los trabajos se reanudaron en 1629, ya bajo la dirección del hermano Francisco Bautista. En 1640 hay una nueva interrupción que se prolongó hasta 1672, cuando Bautista retomó de nuevo el proyecto que dirigió hasta su muerte acaecida en 1679. Por esas fechas ya se había terminado la nave, aunque todavía faltaban por construirse los dos últimos cuerpos de las torres y la bóveda superior del templo tampoco se había volteado aún. A partir de 1669 se documenta a Bartolomé Zumbigo y Salcedo. En 1903 la Iglesia de San Ildefonso fue devuelta a la Compañía de Jesús y entre 1996 y 2003 se acometió su restauración integral.