Convento de la Purísima Concepción de Ntra. Sra. o Benitas

Orden de San Benito (1629) – sin comunidad


El convento de la Purísima Concepción de Nuestra Señora, conocido como Benitas, forma una manzana con las Jerónimas de San Pablo. La complejidad de su planta nos muestra cómo el convento surgió de un agregado de casas con patio central que se fueron anexionando en el tiempo. Pero la regularidad en la yuxtaposición de la iglesia y el claustro conventuales nos indican que la fase de ampliación más importante se produjo a partir de 1629, fecha en la que las beatas adoptaron la regla de San Benito, y que se prolongó durante tres décadas siguientes, con la creación de la imagen urbana dominante del convento, su iglesia y la plazuela.


Arquitectura y arte:

El convento de la Purísima Concepción remonta sus orígenes al beaterio fundado en 1484 por el párroco de la Capilla de San Pedro, don Diego Fernández de Úbeda, en unas casas de su propiedad. En 1546 se incorporaron otras casas compradas al racionero don Cristóbal del Campo. En 1624, la comunidad adquirió al cabildo catedralicio nuevas propiedades que lindaban con el convento de San Pablo y con dos calles reales que habían pertenecido al obispo don Pedro del Campo y después al canónigo don Juan Mexía de Gómara. Estas propiedades formaron el llamado patio de los Corredores o de la Abadía que conservan un alfarje con decoración plateresca. Era el preámbulo de la segunda etapa de su historia que se abrió en 1629, fecha en la que las beatas adoptaron la regla de San Benito de Nursia y pasaron a ser monjas de clausura, con título de Benitas Recoletas de la Purísima Concepción. Se acometieron entonces las obras de ampliación del conjunto. El licenciado don Diego García de Cuadros, como mayordomo, compró en 1633 una casa principal y dos accesorias que fueron el solar de la nueva iglesia y las adquisiciones continuaron durante las dos décadas siguientes. Lorenzo de Salazar fue el maestro que dirigió los trabajos hasta su muerte, si bien las obras se demoraron ante la falta de recursos. Se produjo entonces la intervención de doña Andrea de Briones, viuda de don Cristóbal Navarro, que en 1652 donó al convento sus rentas y hacienda. El 8 de abril de 1652 se reiniciaron las obras para terminar la iglesia conventual, el coro, los retablos, el claustro nuevo y las celdas. Los maestros fueron Juan de Herrera y Juan de Vega.


Iglesia:

La iglesia del convento se comenzó hacia 1633 con la adquisición de una casa principal y dos accesorias al mercader Diego de Naba y otras a la Cofradía del Santísimo Sacramento. Sus trazas, aunque se han atribuido a Zumbigo, corresponden a Lorenzo Fernández de Salazar, alarife municipal y maestro mayor del Alcázar. El templo de nave única con tres tramos y bóveda de cañón con fajones demuestra el apego de Fernández de Salazar al lenguaje clasicista de comienzos del siglo XVII. Los trabajos se ralentizaron por falta de medios hasta que en 1652 doña Ana de Briones otorgó los medios para su terminación. En el altar mayor del nuevo templo se ubicó el retablo de la Inmaculada que ella poseía, del mismo modo que sobre la puerta de la iglesia y en la portería se dispusieron imágenes de la Purísima Concepción. Los maestros Juan de Herrera y Juan de Vega voltearon sus bóvedas y alzaron la media naranja, todo ello con molduras de yeso que indican la asimilación de la decoración barroca de mediados del siglo XVII. También intervino entonces el maestro José Ortega, autor de la portada de piedra de la iglesia y de la plazuela conventual que se abre ante las misma, conjunto que conserva plenamente la fisonomía del siglo XVII. El convento cerró sus puertas en 2019.