Orden de Predicadores (1601) – Archivo Histórico Provincial de Toledo.
El convento de Jesús y María se asentó sobre unas antiguas casas señoriales de la familia Barroso y Malpica cuyas trazas documentales se remontan al menos al último cuarto del siglo XIII. De esta época son los vestigios más antiguos del conjunto, el sótano abovedado de ladrillo y, sobre todo, la llamada sala mudéjar, esta quizá algo posterior, de la primera mitad del siglo XIV. Este conjunto de casas palacio fue sucesivamente heredado por los Barroso hasta su venta en 1493 a don Fernando Niño. Su nieto, del mismo nombre, estuvo casado con doña Juana de Castilla. Este matrimonio no tuvo descendencia, lo que impulsó a su viuda a fundar el convento de dominicas bajo la advocación de Jesús y María. La fundación fue confirmada el 14 de mayo de 1601 por el arzobispo don Bernardo Sandoval y Rojas. La fundadora pertenecía a un encumbrado linaje, hija de don Gómez Carrillo de Castilla y doña María Manrique, señores de Pinto y Caracena. Doña Juana delimitó el recinto del convento y se reservó para sí misma una parte de la casa, a la vez que se comprometió a construir la iglesia que fue levantada según las trazas de Nicolás de Vergara el Mozo. Las obras dieron comienzo en 1603 y fueron ejecutadas por Juan del Valle. La primera misa se celebró el 2 de abril de 1605. Esta iglesia se erigió sobre antiguas estancias auxiliares de las casas, los establos y zonas de servicio. Se trata de una iglesia de sencilla factura, de una sola nave, con el eje ligeramente desviado, cubierta por cañón con lunetos y rematada por una bóveda de horno. El conocido alarife toledano Juan de Orduña acometió las obras precisas para instalar a la comunidad, las doce celdas para dormitorios y el refectorio. A partir de 1609 se completó el patio principal. La fundadora murió diez años más tarde y solicitó ser enterrada bajo la bóveda del altar mayor con su marido, su hermano don Pedro de Castilla y un hijo de este.
Arquitectura y arte:
El convento de Jesús y María se adaptó a las casas preexistentes para configurar una manzana de perímetro irregular. La fachada principal se abre a la calle de la Trinidad a través de dos sólidas portadas, de las cuales la más antigua se corresponde con el acceso a la iglesia y es anterior a la fundación del convento. La composición y distribución interior se regula a través de dos patios. El patio más pequeño tiene hoy acceso desde la calle de la Trinidad y solamente consta de un ángulo con dos crujías sobre las que se levantan tres pisos, los dos primeros con dinteles sostenidos por columnas toscanas y jónicas y el tercero también adintelado, pero realizado en madera. El edificio también tiene una fachada lateral hacia el callejón de Jesús y María, que describe un trazado quebrado al que se adapta la planta de la iglesia. En este lienzo de fachada se abría la portería a través de una sencilla portada. Desde la antigua portería, una pequeña escalera daba acceso al claustro conventual y, en el piso alto, se subía a las celdas de las monjas, orientadas al callejón y al patio.
Claustro:
El claustro del convento se corresponde con un patio de las casas sobre las que se fundó el convento y fue reformado en profundidad en los primeros años del siglo XVII. En cada una de sus crujías se levantan cuatro sólidas columnas graníticas de orden toscano que soportan dinteles de madera, mientras que en el piso alto aparecen como soportes unos pies derechos de madera con zapatas. El proyecto de reutilización del edificio conventual como sede del Archivo Provincial de Toledo corrió a cargo del arquitecto Gabriel Muñoz Rebollo. Se respetó el carácter conventual del inmueble, pero se introdujeron cambios para su adaptación al nuevo uso. El refectorio y la sala de costura se convirtieron en biblioteca auxiliar y el coro situado al lado de la iglesia pasó a ser sala de reuniones y la iglesia se habilitó como sala de exposiciones.
Sala mudéjar:
Esta fotografía del Ministerio de Cultura muestra la restauración ejecutada en 2016 en la llamada sala mudéjar que durante los siglos de ocupación conventual sirvió de sala capitular. Este espacio se corresponde con uno de los salones principales de la casa palacio de los Barroso y Malpica y data de la primera mitad del siglo XIV. Consta de un espacio central rectangular o «tarbea» que remata en una alcoba o «alhanía» de planta cuadrada y con cúpula levantada sobre trompas veneras. El proyecto de restauración, dirigido por Margarita González Pascual, del IPCE, y ejecutado por la empresa Ártyco, recuperó la policromía existente debajo de los enlucidos así como las yeserías talladas y policromadas.