Orden del Carmen Descalzo (1643)
El convento del Espíritu Santo cierra la sucesión de recintos conventuales de la cornisa norte de la ciudad que se jalonan en sucesión a través de la calle Real. Es un conjunto muy homogéneo que fue levantado a partir de 1648. Tanto la fachada de la iglesia conventual, como las del resto de las dependencias conventuales alzadas hacia la ciudad, contribuyen a crear el espacio urbano que desemboca en la plazoleta de los Carmelitas descalzos, un ámbito recoleto que asimismo ofrece un espacio desahogado para la contemplación del muro de ladrillo de la iglesia conventual y su portada pétrea.
Aproximación histórica:
Los frailes de la Orden de Carmelitas descalzos se encontraban en Toledo en 1584, pero no fue hasta el 30 de agosto de 1586 cuando el arzobispo Gaspar de Quiroga les autorizó a fundar una casa, licencia refrendada en 1598 por su sucesor, el archiduque Alberto de Austria. Esta primera fundación se ubicó en la actual calle Núñez de Arce, en torno a la parroquia de San Nicolás. Se trataba de un solar que había acogido a una fundación dedicada al Santo Espíritu y que fue abolida en 1540. Este lugar fue residencia de los carmelitas descalzos entre 1586 y 1603, año en este alojamiento fue desechado por los ruidos existentes al ser entrada de vehículos pesados en la zona alta de Toledo. El 23 de octubre vendieron el edificio y este solar pasó a ser ocupado por las monjas bernardas de la Asunción. Los carmelitas se instalaron provisionalmente en el hospital de Santa Cruz hasta que en 1606 compraron una parcela situada tras el castillo de San Servando; pero los monjes tampoco se sintieron a gusto en este paraje extramuros, situado en el entonces camino Real de La Mancha. Los carmelitas descalzos decidieron iniciar su tercer traslado en 1643 cuando compraron de nuevo otra casa dentro de la ciudad, en este caso en la colación de San Vicente, que sería así su emplazamiento definitivo.
El solar definitivo de los carmelitas descalzos fue adquirido en 1643 al conde de Castro, don Gonzalo Fajardo y Manrique de Espinosa; a esta parcela añadieron unos corrales del marqués de Malpica. Una nueva ampliación se produjo en 1655 tras la adquisición de una casa de doña Ana de Fonseca, con la absorción de veinte viviendas particulares que sirvieron para ampliar el convento. Los carmelitas descalzos residieron aquí hasta la desamortización. El edificio fue entonces abandonado y entre 1847 y 1889 se destinó a Seminario Conciliar, si bien en el año 1893 los carmelitas descalzos pudieron regresar a su antiguo convento.
Arquitectura y arte:
El conjunto conventual de los carmelitas descalzos fue edificado a partir de 1648. Consta documentalmente la presencia del arquitecto carmelita descalzo fray Pedro de San Bartolomé en el trazado de la portada de la iglesia, aunque quizás pudiera haber participado igualmente en la planificación de otras estancias del convento. La organización compositiva del convento es clara y sencilla y en ella prima el trazado modular con cierto esquematismo geométrico y aprovechamiento cabal de los espacios. Las dependencias conventuales se organizan en torno al claustro. Es este un patio de planta cuadrada dotado en su planta baja de sólidos pilares de ladrillo sobre los que se voltearon arcos de medio punto, tramos que están enlazados entre sí por parapetos también de fábrica de ladrillo. Sus crujías están formadas por cuatro galerías con bóveda de cañón con lunetos, a excepción de los tramos de esquina que están cubiertos con bóvedas de arista. Las dependencias conventuales son muy sencillas y en ellas domina la funcionalidad y la adaptación al trazado geométrico. Los paramentos son enjalbegados y desornamentados. Hacia el exterior emerge el gran volumen cúbico de las estancias del convento y de la iglesia. Este perfil marcadamente cúbico se rompe con un patio de planta triangular que hacia el exterior contribuye a configurar el espacio urbano de la plazoleta abierta frente a la fachada y un apéndice añadido en la cabecera del templo que a su vez forma el recodo de la calle que proviene de Santo Domingo el Real a través de los cobertizos de este eje conventual de la ciudad.
Iglesia:
La iglesia del convento de los carmelitas descalzos fue consagrada en 1655. Presenta un cimborrio cuadrangular y la fachada es de ladrillo visto con rafas se mampostería y dos aletones laterales curvos que conectan las naves laterales con la central, más alta; unas bolas elevadas sobre pedestales señalan los ejes verticales y rematan en su parte superior las pilastras de la fachada. En todo ello predominan las líneas netas y los volúmenes cúbicos, además del tono ocre del ladrillo y la mampostería que configura así el destacado espacio urbano de esta plazuela característicamente conventual. La portada es de piedra, con arco triunfal y ático con hornacina; fue contratada en 1651 al carmelita descalzo fray Pedro de San Bartolomé y ejecutada por el maestro Juan Ramón de la Vega. El templo, en su interior, es de planta rectangular, con coro alto situado a los pies, y dotado de tres naves y crucero alineado en la planta. La nave central es el doble de ancho que las laterales y de más altura y se cubre con bóveda de medio cañón. Los tramos de las naves laterales no son del todo corridos, sino que se prefirió individualizar cada tramo, a modo de capillas, cubiertas por vistosas bóvedas cupuliformes. El crucero es amplio y de brazos cortos y presenta cúpula de cañón sobre pechinas; destacan las formas decorativas de las cúpulas de estas capillas laterales, así como los diseños de las bóvedas y crucero, magníficas muestras toledanas del barroco del siglo XVII.