Convento de Santa Isabel de los Reyes

Orden: San Francisco. (1477)


El convento de Santa Isabel de los Reyes es un magnífico ejemplo de integración y aprovechamiento de cuatro palacios mudéjares del siglo XIV que, junto con la antigua iglesia de San Antolín, constituyen su núcleo arquitectónico fundamental. El convento fue fundado en 1477 por la dama noble toledana doña María Suárez de Toledo y surgió a partir de la donación de varios palacios civiles pertenecientes a ilustres familias. El sistema compositivo de yuxtaposición de patios demostró en Santa Isabel de los Reyes todo su potencial para articular y agrupar varias piezas heterogéneas en una compleja unidad. Los antiguos patios palaciegos y sus estancias adyacentes conservan un rico complejo de yeserías y artesonados datados en la segunda mitad del siglo XIV, vestigios a los que hemos de sumar los antiguos muros mudéjares de la capilla de San Antolín, los de la capilla de los Meneses y la magnífica portada del palacio de los Suárez de Toledo. Este conjunto experimentó desde 1483 un proceso de remodelación que fue emprendido para adaptarlo a la comunidad conventual y que continuó su secuencia de intervenciones hasta mediados del siglo XVII.


Aproximación histórica:

Santa Isabel de los Reyes fue el segundo convento franciscano fundado en Toledo. Está consagrado al cultivo de la espiritualidad ascética y la vida de pobreza de la Orden Seráfica. La fundadora del convento fue doña María Suárez de Toledo, hija de don Pedro Suárez y de doña Juana de Guzmán, señores de Pinto. Doña María de Toledo había nacido en 1437 y contrajo pronto matrimonio con el caballero andaluz don Garcí Méndez de Sotomayor, señor del Carpio. Vivió varios años en Andalucía hasta que, al quedar viuda, regresó a Toledo y se dedicó al auxilio de los pobres del hospital de la Virgen de la Misericordia de Toledo. Pronto adoptó el hábito de la Venerable Orden Tercera de San Francisco. Entregó todas sus posesiones a los pobres y renunció a su ilustre apellido para asumir el nombre de sor María la Pobre. Su ejemplo de abnegación y pobreza llamó la atención a los Reyes Católicos que la requirieron para vivir junto a ellos en Segovia. Pero sor María quiso volver a su ciudad natal y, acompañada de otra dama toledana, doña Juana Rodríguez, emprendió la creación de una comunidad religiosa femenina en 1477 que seis años más tarde fue autorizada por el Cardenal Mendoza para la construcción de su convento dedicado a Santa Isabel de Hungría.


El convento de Santa Isabel fue apoyado con entusiasmo por los Reyes Católicos. Fernando el Católico cedió en 1477 unas casas para la erección del convento que recibe así el sobrenombre “de los Reyes”. Don Fernando de Aragón y doña María Suárez de Toledo descendían ambos de don Pedro Suárez de Toledo. Este noble toledano se había casado con doña Juana Meléndez de Orozco y fueron padres de doña Teresa de Ayala, abuela de sor María la Pobre. También la reina doña Isabel favoreció ampliamente la fundación que no en vano se dedicó a su homónima Santa Isabel de Hungría, fundadora del hospital del monte Warburg y consagrada igualmente al cuidado de los pobres y menesterosos. Los privilegios reales de la fundación fueron confirmados por carta real en 1497. Sor María fue nombrada abadesa y la comunidad integró a damas toledanas de noble cuna. Otra prueba del favor real fue la decisión de enterrar a la infanta doña Isabel, hija de los Reyes Católicos y reina de Portugal por su matrimonio con don Manuel el Afortunado, en el convento de Santa Isabel, hacia donde se trasladaron sus restos en 1488 desde Zaragoza. Años más tarde, en 1507, murió la fundadora del convento, sor María la Pobre, que fue enterrada en la bóveda sepulcral del coro.


Arquitectura y arte:

El convento de Santa Isabel de los Reyes está emplazado en la colación de San Antolín, un área de la ciudad que en época islámica había servido de asiento al gremio de tintoreros que posteriormente se desplazaron hacia el cauce del río, de manera que este barrio se había convertido en el siglo XIV en una acomodada zona residencial en la que habitaban ilustres familias de la nobleza toledana, como los Ayala, los Suárez de Toledo, los Téllez de Meneses, los Angulo o incluso el propio rey Pedro I. Algunas de estas residencias nobiliarias se conservan alrededor del cenobio. El convento de Santa Isabel surge a través de la remodelación y acomodación de cuatro palacios previos y sucesivamente integrados en el conjunto por yuxtaposición. El resultado es un convento de planta irregular con la presencia de tres patios, cada uno de dimensiones, formas y orientaciones diferentes. Las obras palaciegas medievales conservadas en la clausura datan de los siglos XIV y XV y en ellas se repite el escudo familiar de los Suárez de Toledo. Todas ellas son obras mudéjares y presentan especial relieve las yeserías y las armaduras de madera. Los patios de estos palacios actuaron como los elementos constitutivos del convento. Son los patios de los Naranjos, el patio de la Enfermería y el patio de los Laureles.


Claustro y patios:

El patio de los Naranjos es el núcleo originario del convento. Era el patio medieval de las casas de don Fernán Gómez de Toledo y que su hijo, don Diego Gómez de Toledo, decoró con esmero. Este patio disponía en sus extremos cortos de dos salones, de los que sólo se ha conservado uno de ellos dedicado a sala capitular y que mantiene sus yeserías con una cornisa de mocárabes, roleos de hojas de vid y otros motivos naturalistas. El salón del otro costado se demolió para ubicar el coro y sólo se conserva el denominado “arco de los pajaritos».

El patio de la Enfermería, situado en el costado occidental del convento, es el segundo núcleo del convento y articula las celdas conventuales. En su piso inferior, como sucede en obras andaluzas similares de la época, nazaríes o mudéjares sevillanas, corre un pórtico cubierto con alfarje. Sobre los pilares ochavados hay un segundo piso con balaustres y zapatas que data de comienzos del siglo XVI, reforma realizada cuando estas casas ya se habían convertido en convento.  

 

El último palacio integrado en el convento fue el organizado en torno al patio de los Laureles. Este patio, debido a su mayor tamaño, fue utilizado como claustro del convento desde 1488, si bien resultó completamente reedificado a partir 1640 con las trazas aportadas por fray Juan Sánchez. Se conserva correspondiente a la época de doña Juana Enríquez, madre de Fernando el Católico, la parte septentrional: en esa crujía se abre la llamada sala de la Madre Fundadora, estancia en la que falleció sor María la Pobre. A comienzos del siglo XVI se construyó el refectorio al que se accede desde el claustro de los Laureles mediante un arco angrelado que ha perdido la decoración en yeso, pero que conserva su puerta de madera,  importante labor de carpintería mudéjar. En el patio de los Laureles se ha instalado un taller de damasquinado.


Iglesia:

La iglesia parroquial de San Antolín, una antigua parroquia que ya aparece citada en 1187, fue cedida al convento a petición de los Reyes Católicos a través de una bula de Inocencio VIII. Esta iglesia fue totalmente rehecha: se derribaron las naves central y meridional de la antigua parroquia de San Antolín que se unificaron en un único espacio de generoso tamaño. La cabecera se levantó en estilo gótico tardío, con un sobrio ábside poligonal al exterior que en el interior se cubrió con una bóveda de terceletes y combados, con laurea renacentista en torno a la clave. De tiempos de la fundación es la gran armadura de madera de la nave. A los pies de la iglesia se construyó el coro y allí recibió sepultura la princesa doña Isabel, hija de los Reyes Católicos. El coro refleja el gusto morisco, con azulejos de cuenca o arista, aunque la obra más destacada del coro es su retablo. También es renacentista el gran retablo de la iglesia, fechado en 1572.

A pesar de las profundas remodelaciones internas, el exterior del templo mantiene los muros mudéjares de la capilla de San Antolín (izquierda) y de la capilla funeraria (arriba). El ábside de San Antolín, se convirtió a partir de 1574 en capilla de los Cernúsculo con la intervención de Diego Velasco de Ávila el Joven que cubrió con estucos la vieja estructura mudéjar. En el lado opuesto, el correspondiente al sur, se encontraba la capilla funeraria de los Meneses, emparentados con los Toledo a fines del siglo XIII, pero que fue muy remodelada en el siglo XVI al transformarse en capilla funeraria de los Hurtado de Mendoza. Su exterior mudéjar contrasta con la decoración interior renacentista, con bóveda de cañón y lunetos,  cúpula sobre pechinas y  el retablo de la Encarnación de Monegro, del siglo XVII.     


Portada:

Otra de las joyas gótico-mudéjares del antiguo palacio de los Toledo es la portada pétrea datada entre 1374 y 1385. Presenta un arco apuntado y dintel entre pilastrillas rematadas en ménsulas. Su profusa decoración heráldica remite a don Pedro Suárez de Toledo, hijo de don Diego Gómez y de doña Inés López de Ayala y asimismo recoge el emblema de la orden de la Banda fundada por Alfonso XI a la que pertenecía este noble toledano.