Convento de San Clemente el Imperial

Orden del Císter (1130)

El convento de San Clemente está situado en la cota más alta de la ciudad. La fachada meridional a la que se abren las portadas del convento y de su iglesia se enfrenta al adusto muro de San Pedro Mártir en una estrecha calle, la de San Clemente, que separa así dos de los más importantes conventos de Toledo. San Clemente es una de las fundaciones más antiguas de Toledo y experimentó un proceso de crecimiento que llegó a ocupar una manzana entera y compacta de planta pentagonal y de gran tamaño. A pesar de su origen medieval, el convento fue completamente remodelado en el siglo XVI. Sus dos claustros clasicistas organizan las salas principales del convento y una serie de patios menores sirven para articular las estancias de carácter más recóndito que se suceden de modo intrincado en la compleja y compacta trama del convento.


Aproximación histórica:

El convento de San Clemente parte de una posible primera fundación extramuros debida a Alfonso VI. El monasterio actual fue fundado en torno al año 1130 por el rey Alfonso VII «El Emperador» que otorgó su sobrenombre al convento, conocido como Monasterio Imperial de San Clemente. El propio hijo del rey, Fernando, muerto prematuramente, fue enterrado en su iglesia. Además de este impulso fundacional, el convento de San Clemente siempre gozó de la protección de los reyes de Castilla que contribuyeron a acrecentar su patrimonio y riqueza, conociéndose también como San Clemente el Real. En principio perteneció a la orden de los benedictinos, hasta 1180 cuando el Papa Alejandro III incorporó la casa a la orden del cister debido a la influencia de la reforma iniciada en Cluny en esos años finales del siglo XII. Ya desde el origen el monasterio fue receptor de numerosas donaciones y favores reales que fueron consolidando su fama y riqueza. De la época medieval quedan escasos restos localizados en el refectorio. Llegado el siglo XVI se iniciaron importantes obras en el edificio que implicaron el cambio de ubicación de la iglesia y la pérdida de muchos de los vestigios medievales que decoraban el interior del convento. Alonso de Covarrubias, en 1534, estableció los términos de las reformas con la abadesa de la comunidad. La práctica totalidad del interior fue destruida para favorecer la adaptación de la comunidad a la nueva construcción y su futura conservación.


Arquitectura y arte:

Convento: El convento ocupa una manzana entera de planta de forma de pentágono irregular y presenta una diferencia de cotas que genera distinto número de plantas en su distribución. A pesar de su origen medieval, el convento de San Clemente actual es básicamente un conjunto renacentista integrado por la iglesia, el coro, la sala capitular y dos grandes patios. Como puede verse en el plano, es muy notable la articulación de los patios y su relación entre ambos y con la iglesia. Esta, junto con el coro, ocupan gran parte de la fachada meridional y una crujía entera del claustro grande linda con ambos elementos. El claustro de las Procesiones, de severa dicción clasicista, da paso a la iglesia y a la Sala Capitular que se adosa al muro del Evangelio de la iglesia y conecta con el ábside. La fluidez circulatoria entre los dos claustros se articula a través de un interesante paso doble que incluye la escalera. El segundo claustro, de planta rectangular, presenta en sus lados cortos una original doble galería claustral. Los dos grandes claustros imponen orden y regularidad a un conjunto heterogéneo. Conforme nos adentramos hacia el norte y el oeste, otros patios de distintas formas y tamaños ayudan a la distribución de las numerosas estancias. A pesar de esta distribución irregular, en el extremo norte se abre una doble crujía con las celdas conventuales que regulariza y uniforma la zona doméstica del convento.

Sala Capitular: La sala capitular se encuentra adosada al muro del Evangelio de la iglesia. Está cubierta por un alfarje policromado, Sus azulejos, con su banco corrido, cátedras y altar, tanto como su solado, con azulejos de arista del siglo XVI con formas geométricas, constituyen uno de los conjuntos de azulejería más importantes de Toledo.

Es uno de los conjuntos de azulejería más importantes de Toledo, del siglo XVI, con una composición geométrica de lazo con azulejos de cuenca sobre fondo de losetas de barro cocido. Un banco de azulejería recorre la sala.

Claustros:

El Claustro de las Procesiones o Patio Grande es uno de los mejores ejemplos de arquitectura clasicista en Toledo. Fue construido entre 1598 y 1604 por Nicolás de Vergara el Mozo, adosado al norte de la nueva iglesia. El claustro está modulado y regulado a través de proporciones sobrias y elegantes. Está compuesto por dos pisos dotados de columnas toscanas elevadas sobre pedestal. El piso inferior se cierra con arcos de medio punto y el superior es adintelado. En el claustro, a pesar de su reconstrucción renacentista, perviven tradiciones moriscas en restos de yeserías en las portadas. En la crujía oriental despunta la torre campanario, mientras que la occidental se eleva para recibir mayor soleamiento. Este patio permite el acceso al coro, la iglesia y a la Sala Capitular. En torno al patio hay numerosos cuartos o celdas destinados a usos diversos, archivo, biblioteca, almacén, o el “salón de las hostias”, donde se hacían las sagradas formas. El Patio de los Refectorios o Claustro de la Abadía es posterior. Es obra del maestro José Ortega que lo levantó en 1665. A pesar de su avanzada época aún es clasicista, articulado igualmente mediante arquería de medio punto y sistema adintelado, de menor tamaño que el de las Procesiones, emplea materiales distintos, granito y ladrillo y el barroquismo se denota en la utilización de dobles arquerías en las crujías este y oeste. A este patio se abre el Refectorio que está construido sobre bóvedas de cañón de ladrillo. Es una obra de finales del siglo XII o comienzos del XIII y destaca su alfarje con labor de menado y en uno de sus frentes hay restos de la arquería mudéjar con arcos entrecruzados del siglo XIII. El segundo tramo el refectorio está cubierto con bóveda de crucería en ladrillo, quizás una ampliación de la segunda mitad del siglo XIII. El refectorio se transformó partir de 1592.

Iglesia: La iglesia fue completamente reconstruida por Alonso de Covarrubias entre 1534 y 1541. Se trata de la única edificación fuera de la clausura. Es un templo de presbiterio y una única nave dividida en dos tramos, con muros enlucidos y decorados con pinturas murales con pasajes evangélicos. Los tramos de la nave se cubren con airosas bóvedas de crucería estrelladas, tanto en los dos tramos de esta como en la cabecera. Sufrió un incendio en 1556 que, entre otras pérdidas, destruyó el retablo de Vigarny, y llevó a que hubiera de ser redecorada por los Corral de Villalpando. El retablo mayor de la iglesia es de Andrés Sánchez Cotán (1579), destacan también el sepulcro del infante Fernando, la tribuna de las infantas y el retablo barroco de San Bernardo.

Coro: El coro está situado a los pies del templo, a su mismo nivel, y se comunica a través de un antecoro. Tiene un tamaño mayor que la propia iglesia y está dividido en cuatro tramos. Presenta muros corridos y enlucidos de los que emergen unas ménsulas sobre las que apoya un entablamento del que parten arcos apuntados que generan bóvedas de crucería con nervios curvos y claves pinjantes, muy semejantes a las de Covarrubias. Destaca lo que quedó de la sillería de coro debida a Felipe de Vigarny, contemporánea a los primeros trabajos de Covarrubias en el convento.

Portada: (1534), La portada de la iglesia del convento, abierta en la estrecha calle de San Clemente, es una de las mejores muestras del arte renacentista en Toledo. Está datada en 1534 y se debe al maestro Alonso de Covarrubias. La delicadeza de su labra plateresca realizada en la blanquecina piedra de Regachuelo contrasta con el poderoso muro de mampostería en el que se empotra. Sus dos columnas abalaustradas sostienen un arco de medio punto con un tondo superior con la Virgen y el Niño. Está decorada con putti, guirnaldas y dos tondos con cabezas de guerreros, los conocidos como Los Clementinos.

Uso actual: La comunidad cisterciense de San Clemente habita aún en este mismo convento. En la zona norte se encuentra el Centro Cultural San Clemente gestionado por la Diputación de Toledo.